AGONÍA DE UNA FE IMPUESTA
Por: Hugo Apaza Q.
La religión católica, el idioma español, la vestimenta y muchas de nuestras costumbres vigentes son producto de una cruel imposición, particularmente durante la época colonial de nuestra historia, pues la conquista post incaica significó el abatimiento de la concepción espiritual ancestral.
ENTRONIZACIÓN CLERICAL:
Luego de echar las bases de la estabilidad colonial, los invasores ibéricos prosiguieron con su tarea de consolidar la dominación; y una de las instituciones que funcionó adecuadamente para contrarrestar la resistencia andina fue la iglesia católica, la misma que a través de sus órdenes religiosas, libró la lucha de conquista espiritual. El enseñoramiento clerical no fue tarea sencilla ni pacífica, pues con el objeto de difundir este instrumento ideológico se iniciaron sendas campañas catequísticas combatiendo las formas y costumbres religiosas andinas.
Desde 1577 por orden del Virrey Francisco de Toledo la llamada Compañía de Jesús, que era una organización religiosa-militar fruto de la Contrarreforma, empezó su labor de conquista espiritual en el altiplano. Estos Jesuitas, que eran los soldados de Cristo y seguidores de San Ignacio de Loyola, a la par que imponían su concepción religiosa se apropiaron de los mejores suelos, animales y bienes de la región.
A pesar de los esfuerzos efectuados las creencias y ritos nativos se mantuvieron incólumes. Ante este evidente fracaso, a comienzos del siglo XVII se puso en marcha una cruel campaña de imposición cristiana a través de las Visitas de las Idolatrías. Gracias a estas visitas, sobre cada waca se plantó una cruz y se quemaron los símbolos sagrados nativos; a los caciques y curanderos les obligaron llevar en el cuello una cruz y a toda la población nativa se le prohibió practicar su religión.
Otra de sus tácticas de conquista espiritual fue la sustitución de celebraciones propias por las foráneas, es decir que “la celebración de las antiguas fiestas del calendario astronómico y agrícola fue reajustada de acuerdo a las solemnidades del culto católico.” que pervive hasta la actualidad.
SOBERANA EMPERATRIZ DE LOS ÁNGELES NUESTRA SEÑORA DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN:
Entre los años de 1600 a 1700 se desarrolló el período de exaltación del sentimiento religioso. En este siglo alcanzó su máximo esplendor las fiestas y celebraciones religiosas a costa siempre del resignado runa, quien tenía que trabajar todo un año para pasar voluntariamente de alferado y satisfacer al temido cura y quedar bien ante el dios hebreo o de Jacob. Este es el período de la proliferación de santos, santas y vírgenes cuyos nombres se constituyeron en apellidos de muchos pueblos del altiplano o se convirtieron en patrones o patronas de los mismos.
No sólo se repetían los nombres de estos personajes, sino que se difundían sus acciones e imágenes por doquier, lo cual también contribuyó al florecimiento del arte sacro. Así la constelación de hacedores de milagros o mediadores con la divinidad iluminó el firmamento andino y logró arraigar una fe muy especial.
Con la entronización del clero, los naturales “debían ponerse de rodillas a la hora de tañer la campana y rezar un avemaría. Debían cumplir con todos los preceptos de la Iglesia, acudir periódicamente a recibir el sacramento; y en cuanto a la misa, cada domingo debían venir por mitades de los campos para oírla en un sitio determinado de la Iglesia, distante de los españoles y de las autoridades”.
Una de las beatas que logró tener gran fama en el altiplano fue la Virgen de la Concepción, muy venerada en muchos pueblos de nuestra región. La Soberana Emperatriz de los Ángeles Nuestra Señora de la Purísima Concepción, acompañó en todo momento a los realistas que defendían la causa virreinal en la Intendencia de Puno, durante la gesta libertaria de Túpac Amaru, cuya imagen se encontraba en la bandera de estos milicianos.
¿QUIÉNES SE BENEFICIAN CON LA FE DE LOS PUEBLOS?
Luego de más de 4 siglos de dominación católica, las celebraciones religiosas se han convertido en tradicionales en cada pueblo del altiplano. En plena época de la modernidad y la aldea global, este sentimiento colonial religioso subsiste acomodando sus rituales a los tiempos actuales. Pero, ¿qué es de la fe de antaño? ¿Qué pensará Jesús de su rebaño del siglo XXI?
Últimamente se viene afirmando que la fe en los santos, santas y vírgenes viene creciendo, pues en cada festividad las iglesias se ven repletas, los alferados van en aumento, los gastos son sorprendentes, las bandas de músicos y los danzarines compiten abiertamente, las calles se llenan de devotos, en fin pareciera que, al dejar el mundo terrenal, muy pocos se quedaran fuera del paraíso celestial.
Sin embargo, sin temor a equivocarme considero que las apariencias engañan, pues se observa que la búsqueda de notoriedad social, el exhibicionismo personal y el afán mercantilista vienen sustituyendo a la creencia cristiana. Las grandes empresas que rinden culto al dinero, a la embriaguez, al pleito y la mentira son las que vienen ganando más devotos o prosélitos, y son los que verdaderamente se benefician y trafican con estas tradiciones, al mimo tiempo que contribuyen a que la fe en Cristo ingrese en un período de franca agonía.
Juliaca, 30-11-2003
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