AGONÍA DE UNA FE IMPUESTA
Por: Hugo Apaza Q.
La religión católica, el idioma español, la vestimenta y muchas de nuestras costumbres vigentes son producto de una cruel imposición, particularmente durante la época colonial de nuestra historia, pues la conquista post incaica significó el abatimiento de la concepción espiritual ancestral.
ENTRONIZACIÓN CLERICAL:
Luego de echar las bases de la estabilidad colonial, los invasores ibéricos prosiguieron con su tarea de consolidar la dominación; y una de las instituciones que funcionó adecuadamente para contrarrestar la resistencia andina fue la iglesia católica, la misma que a través de sus órdenes religiosas, libró la lucha de conquista espiritual. El enseñoramiento clerical no fue tarea sencilla ni pacífica, pues con el objeto de difundir este instrumento ideológico se iniciaron sendas campañas catequísticas combatiendo las formas y costumbres religiosas andinas.
Desde 1577 por orden del Virrey Francisco de Toledo la llamada Compañía de Jesús, que era una organización religiosa-militar fruto de la Contrarreforma, empezó su labor de conquista espiritual en el altiplano. Estos Jesuitas, que eran los soldados de Cristo y seguidores de San Ignacio de Loyola, a la par que imponían su concepción religiosa se apropiaron de los mejores suelos, animales y bienes de la región.
A pesar de los esfuerzos efectuados las creencias y ritos nativos se mantuvieron incólumes. Ante este evidente fracaso, a comienzos del siglo XVII se puso en marcha una cruel campaña de imposición cristiana a través de las Visitas de las Idolatrías. Gracias a estas visitas, sobre cada waca se plantó una cruz y se quemaron los símbolos sagrados nativos; a los caciques y curanderos les obligaron llevar en el cuello una cruz y a toda la población nativa se le prohibió practicar su religión.
Otra de sus tácticas de conquista espiritual fue la sustitución de celebraciones propias por las foráneas, es decir que “la celebración de las antiguas fiestas del calendario astronómico y agrícola fue reajustada de acuerdo a las solemnidades del culto católico.” que pervive hasta la actualidad.
SOBERANA EMPERATRIZ DE LOS ÁNGELES NUESTRA SEÑORA DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN:
Entre los años de 1600 a 1700 se desarrolló el período de exaltación del sentimiento religioso. En este siglo alcanzó su máximo esplendor las fiestas y celebraciones religiosas a costa siempre del resignado runa, quien tenía que trabajar todo un año para pasar voluntariamente de alferado y satisfacer al temido cura y quedar bien ante el dios hebreo o de Jacob. Este es el período de la proliferación de santos, santas y vírgenes cuyos nombres se constituyeron en apellidos de muchos pueblos del altiplano o se convirtieron en patrones o patronas de los mismos.
No sólo se repetían los nombres de estos personajes, sino que se difundían sus acciones e imágenes por doquier, lo cual también contribuyó al florecimiento del arte sacro. Así la constelación de hacedores de milagros o mediadores con la divinidad iluminó el firmamento andino y logró arraigar una fe muy especial.
Con la entronización del clero, los naturales “debían ponerse de rodillas a la hora de tañer la campana y rezar un avemaría. Debían cumplir con todos los preceptos de la Iglesia, acudir periódicamente a recibir el sacramento; y en cuanto a la misa, cada domingo debían venir por mitades de los campos para oírla en un sitio determinado de la Iglesia, distante de los españoles y de las autoridades”.
Una de las beatas que logró tener gran fama en el altiplano fue la Virgen de la Concepción, muy venerada en muchos pueblos de nuestra región. La Soberana Emperatriz de los Ángeles Nuestra Señora de la Purísima Concepción, acompañó en todo momento a los realistas que defendían la causa virreinal en la Intendencia de Puno, durante la gesta libertaria de Túpac Amaru, cuya imagen se encontraba en la bandera de estos milicianos.
¿QUIÉNES SE BENEFICIAN CON LA FE DE LOS PUEBLOS?
Luego de más de 4 siglos de dominación católica, las celebraciones religiosas se han convertido en tradicionales en cada pueblo del altiplano. En plena época de la modernidad y la aldea global, este sentimiento colonial religioso subsiste acomodando sus rituales a los tiempos actuales. Pero, ¿qué es de la fe de antaño? ¿Qué pensará Jesús de su rebaño del siglo XXI?
Últimamente se viene afirmando que la fe en los santos, santas y vírgenes viene creciendo, pues en cada festividad las iglesias se ven repletas, los alferados van en aumento, los gastos son sorprendentes, las bandas de músicos y los danzarines compiten abiertamente, las calles se llenan de devotos, en fin pareciera que, al dejar el mundo terrenal, muy pocos se quedaran fuera del paraíso celestial.
Sin embargo, sin temor a equivocarme considero que las apariencias engañan, pues se observa que la búsqueda de notoriedad social, el exhibicionismo personal y el afán mercantilista vienen sustituyendo a la creencia cristiana. Las grandes empresas que rinden culto al dinero, a la embriaguez, al pleito y la mentira son las que vienen ganando más devotos o prosélitos, y son los que verdaderamente se benefician y trafican con estas tradiciones, al mimo tiempo que contribuyen a que la fe en Cristo ingrese en un período de franca agonía.
Juliaca, 30-11-2003
miércoles, 27 de abril de 2011
NUESTRA PATRIA NO NACIÓ EN 1821
Por: Hugo D. Apaza Quispe
El significado de la voz “patria” es ambiguo y ha venido evolucionando conforme las iban manejando los grupos sociales, de ahí que tiene un contenido distinto en diferentes momentos históricos. Por ejemplo se habla de patria imperial, continental, nacional, regional, etc., incluso se habla de madre patria, patria chica, etc.
Hasta fines del siglo XVIII la palabra patria y patriotismo eran vocablos inofensivos, pero que en las dos primeras décadas del siglo XIX, con el desarrollo del capitalismo mundial, se convirtieron en peligrosas.
Es un error decir que “El 28 de julio es el día de la patria”, o sea el motivo para “festejar el glorioso aniversario patrio”. ¿Acaso sólo desde 1821 tenemos patria?
La patria es un fenómeno histórico y por tanto una creación humana, determinado por condiciones sociales y económicas. La patria es la herencia histórica de los pueblos. Hoy nuestra patria es el Perú, que es la suma de sus nacionalidades, sus recursos y sus aspiraciones de siglos. El alma nacional reside en el Perú profundo que conserva la milenaria tradición cultural. Por tanto, nuestra patria no se ha originado en 1821 porque no empezamos a existir a partir de aquel hito, pues nuestra patria nació con nuestra historia y nuestra historia es milenaria.
1. LA LIBERTAD SE CONQUISTA
Se debe tener mucho cuidado con los elogios que se hacen a favor de San Martín y Bolívar, a quienes se les encumbra a la categoría de semidioses, como si ellos solos fueran los protagonistas de las gestas libertarias.
Aquella sentencia que dice: “Debemos rendir un justo y merecido homenaje a San Martín y Bolívar por habernos dado la libertad”, es una apreciación subjetiva y carente de asidero histórico. Todo lo que tenemos hoy nadie nos lo ha dado o regalado, sino que la han conquistado con heroísmo las generaciones que nos precedieron.
A la presente generación toca echar las bases para generar condiciones para lograr una auténtica libertad e independencia que beneficie a todos los peruanos.
2. NO AL CHAUVINISMO NI AL FETICHISMO
¿Nuestra patria es la mejor del mundo porque hemos tenido el privilegio de haber nacido aquí? En los conflictos internos y guerras con los países limítrofes, la voz patria siempre monopolizó la razón; sus enemigos fueron malvados, traidores y cobardes. Se debe superar este concepto chauvinista que propicia el neoliberalismo.
También se debe evitar que la “Patria” sea reducida al fetichismo de los símbolos: Bandera, escudo e himno.
No olvidemos que “La patria es pasado de gloria, presente de lucha y esperanza en el más grande futuro”, “En la Patria están nuestros héroes, nuestros muertos, los que se sacrificaron por un ideal supremo”. “La Patria es la Nación, entendida como una sola gran familia cuyos antepasados nos dejaron como preciosa herencia el territorio, la independencia, la tradición gloriosa de sus luchas y sacrificios, los ideales e intereses superiores”. La Patria, así entendida, anima un sentimiento de amor y gratitud y compromete el deber de defenderla hasta con el sacrificio de la misma vida; así lo hicieron nuestros héroes y dictaron con su ejemplo la más hermosa lección de dignidad y grandeza humana.
El significado de la voz “patria” es ambiguo y ha venido evolucionando conforme las iban manejando los grupos sociales, de ahí que tiene un contenido distinto en diferentes momentos históricos. Por ejemplo se habla de patria imperial, continental, nacional, regional, etc., incluso se habla de madre patria, patria chica, etc.
Hasta fines del siglo XVIII la palabra patria y patriotismo eran vocablos inofensivos, pero que en las dos primeras décadas del siglo XIX, con el desarrollo del capitalismo mundial, se convirtieron en peligrosas.
Es un error decir que “El 28 de julio es el día de la patria”, o sea el motivo para “festejar el glorioso aniversario patrio”. ¿Acaso sólo desde 1821 tenemos patria?
La patria es un fenómeno histórico y por tanto una creación humana, determinado por condiciones sociales y económicas. La patria es la herencia histórica de los pueblos. Hoy nuestra patria es el Perú, que es la suma de sus nacionalidades, sus recursos y sus aspiraciones de siglos. El alma nacional reside en el Perú profundo que conserva la milenaria tradición cultural. Por tanto, nuestra patria no se ha originado en 1821 porque no empezamos a existir a partir de aquel hito, pues nuestra patria nació con nuestra historia y nuestra historia es milenaria.
1. LA LIBERTAD SE CONQUISTA
Se debe tener mucho cuidado con los elogios que se hacen a favor de San Martín y Bolívar, a quienes se les encumbra a la categoría de semidioses, como si ellos solos fueran los protagonistas de las gestas libertarias.
Aquella sentencia que dice: “Debemos rendir un justo y merecido homenaje a San Martín y Bolívar por habernos dado la libertad”, es una apreciación subjetiva y carente de asidero histórico. Todo lo que tenemos hoy nadie nos lo ha dado o regalado, sino que la han conquistado con heroísmo las generaciones que nos precedieron.
A la presente generación toca echar las bases para generar condiciones para lograr una auténtica libertad e independencia que beneficie a todos los peruanos.
2. NO AL CHAUVINISMO NI AL FETICHISMO
¿Nuestra patria es la mejor del mundo porque hemos tenido el privilegio de haber nacido aquí? En los conflictos internos y guerras con los países limítrofes, la voz patria siempre monopolizó la razón; sus enemigos fueron malvados, traidores y cobardes. Se debe superar este concepto chauvinista que propicia el neoliberalismo.
También se debe evitar que la “Patria” sea reducida al fetichismo de los símbolos: Bandera, escudo e himno.
No olvidemos que “La patria es pasado de gloria, presente de lucha y esperanza en el más grande futuro”, “En la Patria están nuestros héroes, nuestros muertos, los que se sacrificaron por un ideal supremo”. “La Patria es la Nación, entendida como una sola gran familia cuyos antepasados nos dejaron como preciosa herencia el territorio, la independencia, la tradición gloriosa de sus luchas y sacrificios, los ideales e intereses superiores”. La Patria, así entendida, anima un sentimiento de amor y gratitud y compromete el deber de defenderla hasta con el sacrificio de la misma vida; así lo hicieron nuestros héroes y dictaron con su ejemplo la más hermosa lección de dignidad y grandeza humana.
28 DE JULIO ¿DÍA DE FIESTA NACIONAL?
?
REFLEXIONES ACERCA DE LAS “FIESTAS PATRIAS”
Por: Hugo D. Apaza Quispe
¿Qué acontecimiento importante ocurrió el 28 de julio de 1821 para que sea conmemorado con tanto regocijo, a tal punto de ser declarado como día de fiesta nacional?
I. Pacto de San Martín con los colonialistas:
Al borde del colapso del sistema colonial en el siglo XIX, el sector adinerado de los criollos fueron los que dirigieron y lograron emancipar políticamente el Perú de España, porque se sentían excluidos de la función pública. Los interesados en emancipar América, comprendiendo que tenían que liquidar el nervio mismo del poderío español, iniciaron expediciones con esas miras, y ya en el Perú, emprendieron el acoso a la capital virreinal.
Ante esta desesperante situación el Virrey José de la Serna y su séquito se vieron obligados a abandonar la ciudad. Antes de ejecutar esta determinación dejó instrucciones al Marqués de Montemira, para que éste a su vez invite a San Martín para que ocupe Lima con su ejército.
La evacuación militar de Lima ocasionó, en los criollos ricos el terror, pues se habían quedado abandonados a su suerte. Frente este sombrío panorama, los criollos ricos, buscando protección y no perder sus privilegios, decidieron acudir ante San Martín. Esta comisión salió el 9 de julio y cumplió con invitarlo, y a partir del 12 de julio de 1821 San Martín y su ejército ingresaron a la ciudad en medio de nutrida ovación lisonjera. El caudillo con este acto se puso al lado de los criollos, los mismos que así consiguieron un fácil acomodo social y político.
II. Declaración de la Independencia:
El domingo 15 de julio de acuerdo con lo pactado, se reunieron en el local del cabildo las personalidades calificadamente colonialistas a fin de hacer lo que San Martín les había pedido un día antes: redactar el acta de la independencia y firmarla.
En esa sesión se declaró la independencia del Perú, y se fijo para el día 28 de julio de 1821, la respectiva juramentación y proclamación pública.
Los días previos se levantaron tabladillos en diversos lugares, se adornaron las calles y las plazas, se mandaron acuñar monedas alusivas, en fin se cuidó de todos los detalles que la situación exigía.
III. Las proclamaciones
El día 28 de julio de 1821 la ceremonia se efectuó como se realizaba las grandes festividades coloniales con la diferencia de que lugar del Virrey se encontraba San Martín.
Del palacio virreinal salió una solemne procesión, en la que estaban los catedráticos de la universidad de San Marcos con sus tocas doctorales, los titulados de Castilla y los miembros de las órdenes religiosas con sus respectivos hábitos, los jefes militares, los oidores de la Real Audiencia, los regidores perpetuos del cabildo; todos estos integraban el primer agrupamiento. En el siguiente grupo, que era el más importante, se encontraba San Martín flanqueado por el Conde de San Isidro y el Marqués de Montemira que portaba la primera bandera peruana; detrás de ellos estaba del estado mayor y los oficiales generales del ejército.
La procesión fue escoltada por los mismos alabarderos del rey, con todas sus insignias reales de España; y, cerraba el desfile un pelotón de húsares con sus vistosos uniformes, un batallón con las banderas de Buenos Aires y Chile, y la artillería con sus respectivos cañones.
Esta comitiva procesional se detuvo en la Plaza Mayor o de armas y otros tres puntos más (Plazuela de la Merced, convento de las descalzas y la plaza de la inquisición), en los que se habían instalado tabladillos, desde los que San Martín, cogiendo el pendón hizo los actos de la proclama, seguido por los estrépitos de los cañones, el repique de las campanas, así como el alborotado regocijo de los allí presentes.
IV. Fiestas y agasajo recíprocos:
La noche del 28 de julio se encendió todos los faroles de la ciudad; y, los integrantes del ayuntamiento dispusieron en las salas capitulares un fastuoso festín en honor a su protector, adonde también concurrieron los principales vecinos de Lima.
Al día siguiente, luego de los actos religiosos tradicionales, San Martín organizó otra suntuosa celebración de reciprocidad en el salón principal de palacio en donde se repitieron e incluso se superó a la fiesta ofrecida anteriormente en el cabildo.
Es decir que el 28 y 29 de julio de 1821, se realizaron espléndidas parrandas de corte colonialista, en los salones del ayuntamiento y en el palacio virreinal, mientras que en las calles había verbena general.
V. Balance:
Como puede observarse, el 28 de julio no se rememora ningún hecho glorioso, ninguna gesta trascendental, ningún acontecimiento importante para las mayorías del Perú histórico. Lo que sucedió fue un conjunto de actos intrínsecamente ilusorios que terminó en una farra al puro estilo colonial, protagonizados por los estrujadores sociales, los mismos que en los momentos culminantes de Junín y Ayacucho estarían nuevamente de lado virreinal. Estas gentes hicieron tales fiestas y pactos por simples conveniencias momentáneas y con la anuencia del todavía vigente Virrey La Serna.
En este fenómeno limeño y urbano ¿qué participación tuvo el pueblo mayoritario del Perú? Ninguno. Su opinión y participación no contaba a pesar de que fueron los históricos luchadores por la independencia.
BIBLIOGRAFÍA
1. BASADRE, Jorge. “Historia de la República”. Lima.
2. CASTILLO MORALES, Juan. “La historia: Teoría y técnica de su enseñanza”. Edit. Bruño. s/f.
3. C.P.H.E.P. “Historia General del Ejército Peruano”, Tomo IV, Vols.1, 2 y 3. Lima-1984.
4. MACERA, Pablo. “Trabajos de Historia”, Lima
5. MARIÁTEGUI, José C. “Obras completas”. Lima-1979.
6. Ministerio de Educación Pública. El Perú en la Independencia”. Lima 1958.
7. Ministerio de Educación. “Diseño Curricular Nacional”, Lima, 2005.
8. ROEL, Virgilio. “Grandezas y Miserias de la Independencia”. Lima.
9. SIVIRICHI, Atilio. “La Revolución Social de los Túpac Amaru”. Lima, 1979.
REFLEXIONES ACERCA DE LAS “FIESTAS PATRIAS”
Por: Hugo D. Apaza Quispe
¿Qué acontecimiento importante ocurrió el 28 de julio de 1821 para que sea conmemorado con tanto regocijo, a tal punto de ser declarado como día de fiesta nacional?
I. Pacto de San Martín con los colonialistas:
Al borde del colapso del sistema colonial en el siglo XIX, el sector adinerado de los criollos fueron los que dirigieron y lograron emancipar políticamente el Perú de España, porque se sentían excluidos de la función pública. Los interesados en emancipar América, comprendiendo que tenían que liquidar el nervio mismo del poderío español, iniciaron expediciones con esas miras, y ya en el Perú, emprendieron el acoso a la capital virreinal.
Ante esta desesperante situación el Virrey José de la Serna y su séquito se vieron obligados a abandonar la ciudad. Antes de ejecutar esta determinación dejó instrucciones al Marqués de Montemira, para que éste a su vez invite a San Martín para que ocupe Lima con su ejército.
La evacuación militar de Lima ocasionó, en los criollos ricos el terror, pues se habían quedado abandonados a su suerte. Frente este sombrío panorama, los criollos ricos, buscando protección y no perder sus privilegios, decidieron acudir ante San Martín. Esta comisión salió el 9 de julio y cumplió con invitarlo, y a partir del 12 de julio de 1821 San Martín y su ejército ingresaron a la ciudad en medio de nutrida ovación lisonjera. El caudillo con este acto se puso al lado de los criollos, los mismos que así consiguieron un fácil acomodo social y político.
II. Declaración de la Independencia:
El domingo 15 de julio de acuerdo con lo pactado, se reunieron en el local del cabildo las personalidades calificadamente colonialistas a fin de hacer lo que San Martín les había pedido un día antes: redactar el acta de la independencia y firmarla.
En esa sesión se declaró la independencia del Perú, y se fijo para el día 28 de julio de 1821, la respectiva juramentación y proclamación pública.
Los días previos se levantaron tabladillos en diversos lugares, se adornaron las calles y las plazas, se mandaron acuñar monedas alusivas, en fin se cuidó de todos los detalles que la situación exigía.
III. Las proclamaciones
El día 28 de julio de 1821 la ceremonia se efectuó como se realizaba las grandes festividades coloniales con la diferencia de que lugar del Virrey se encontraba San Martín.
Del palacio virreinal salió una solemne procesión, en la que estaban los catedráticos de la universidad de San Marcos con sus tocas doctorales, los titulados de Castilla y los miembros de las órdenes religiosas con sus respectivos hábitos, los jefes militares, los oidores de la Real Audiencia, los regidores perpetuos del cabildo; todos estos integraban el primer agrupamiento. En el siguiente grupo, que era el más importante, se encontraba San Martín flanqueado por el Conde de San Isidro y el Marqués de Montemira que portaba la primera bandera peruana; detrás de ellos estaba del estado mayor y los oficiales generales del ejército.
La procesión fue escoltada por los mismos alabarderos del rey, con todas sus insignias reales de España; y, cerraba el desfile un pelotón de húsares con sus vistosos uniformes, un batallón con las banderas de Buenos Aires y Chile, y la artillería con sus respectivos cañones.
Esta comitiva procesional se detuvo en la Plaza Mayor o de armas y otros tres puntos más (Plazuela de la Merced, convento de las descalzas y la plaza de la inquisición), en los que se habían instalado tabladillos, desde los que San Martín, cogiendo el pendón hizo los actos de la proclama, seguido por los estrépitos de los cañones, el repique de las campanas, así como el alborotado regocijo de los allí presentes.
IV. Fiestas y agasajo recíprocos:
La noche del 28 de julio se encendió todos los faroles de la ciudad; y, los integrantes del ayuntamiento dispusieron en las salas capitulares un fastuoso festín en honor a su protector, adonde también concurrieron los principales vecinos de Lima.
Al día siguiente, luego de los actos religiosos tradicionales, San Martín organizó otra suntuosa celebración de reciprocidad en el salón principal de palacio en donde se repitieron e incluso se superó a la fiesta ofrecida anteriormente en el cabildo.
Es decir que el 28 y 29 de julio de 1821, se realizaron espléndidas parrandas de corte colonialista, en los salones del ayuntamiento y en el palacio virreinal, mientras que en las calles había verbena general.
V. Balance:
Como puede observarse, el 28 de julio no se rememora ningún hecho glorioso, ninguna gesta trascendental, ningún acontecimiento importante para las mayorías del Perú histórico. Lo que sucedió fue un conjunto de actos intrínsecamente ilusorios que terminó en una farra al puro estilo colonial, protagonizados por los estrujadores sociales, los mismos que en los momentos culminantes de Junín y Ayacucho estarían nuevamente de lado virreinal. Estas gentes hicieron tales fiestas y pactos por simples conveniencias momentáneas y con la anuencia del todavía vigente Virrey La Serna.
En este fenómeno limeño y urbano ¿qué participación tuvo el pueblo mayoritario del Perú? Ninguno. Su opinión y participación no contaba a pesar de que fueron los históricos luchadores por la independencia.
BIBLIOGRAFÍA
1. BASADRE, Jorge. “Historia de la República”. Lima.
2. CASTILLO MORALES, Juan. “La historia: Teoría y técnica de su enseñanza”. Edit. Bruño. s/f.
3. C.P.H.E.P. “Historia General del Ejército Peruano”, Tomo IV, Vols.1, 2 y 3. Lima-1984.
4. MACERA, Pablo. “Trabajos de Historia”, Lima
5. MARIÁTEGUI, José C. “Obras completas”. Lima-1979.
6. Ministerio de Educación Pública. El Perú en la Independencia”. Lima 1958.
7. Ministerio de Educación. “Diseño Curricular Nacional”, Lima, 2005.
8. ROEL, Virgilio. “Grandezas y Miserias de la Independencia”. Lima.
9. SIVIRICHI, Atilio. “La Revolución Social de los Túpac Amaru”. Lima, 1979.
CRÍTICA AL HIMNO NACIONAL DEL PERÚ
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Himno Nacional y Realidad Histórica
Prof.: Hugo Apaza Quispe
El 28 de julio de cada año, a nivel nacional, se rememora un acto intrínsecamente limeño, criollo y urbano, a través del cual se atiza un sentimiento patriótico, venerando a los símbolos oficiales y a dos personajes no peruanos. Si elevar el fervor patriótico es una necesidad, entonces el pretexto es válido, pero hay que reorientarla sacándola de la rutina.
El Himno Nacional es un símbolo patrio intangible y sacrosanto, cuya ejecución antaño paralizaba toda otra actividad. Haciendo una lectura reflexiva de nuestro Himno Nacional y contrastándola con la realidad histórica, concluimos que se trata de un canto de una pequeña parte de nuestra historia, son mensajes poéticos que loan las gestas de un caudillo, es un canto lírico y parcializado con escaso (por no decir nulo) asidero histórico.
LA LIBERTAD COMO NECESIDAD HISTÓRICA:
El CORO, es una reiterada promesa solemne, un juramento de fidelidad, un voto eterno de invocación a la libertad, la misma que se efectúa, no ante la divinidad del cristianismo, sino ante el Dios supremo de los inkas: El Sol.
Recordemos que la libertad es un anhelo histórico y que el capitalismo expansivo del siglo XIX, disfrazado de patriotismo, difundió esta idea que embaucó la credulidad política de las masas, por ello esta mágica palabra, de principio a fin, es invocado como suprema aspiración en el Himno Nacional.
Antaño, para los Ayllurunas el interés dominante era la colectividad. El trabajo forzado y la encomienda introducida por los españoles, eran para ellos obligaciones dolorosas de los que había que liberarse. Por ello es que el valor de la libertad jugó un rol preponderante
NO SE GIMIÓ EN SILENCIO:
La PRIMERA ESTROFA nos dice que el peruano oprimido largo tiempo en silencio gimió, y que con la llegada de San Martín, la humillada cerviz levantó. En ese entonces ¿qué se entendía por peruano? El nativo no era peruano, era un paria solamente. ¿Cuán largo fue el tiempo que en silencio la ominosa cadena arrastró?
Desde el momento del choque desigual de las dos culturas no homólogas, el poblador nativo no cesó de luchar por deshacerse del usurpador. Inmediatamente después de la captura del Inka Atawalpa se organizó la defensa militar en torno a los generales indígenas Rumiñawi, Kalcuchímac y Kiskís, y en reiteradas veces se enfrentaron a los españoles y sus engañados aliados para expulsarlos (1533). Asimismo, grandes grupos andinos se organizaron en torno a Manco Inka (1536-1544), Sayri Túpac (1544-1557), Titu Cusi Yupanqui (1557-1571) y en torno a Túpac Amaru I (1571-1572), quienes consolidaron la resistencia inka en Vilcabamba. Por esta misma causa también millares de indígenas se enrolaron a las filas de los ejércitos de Juan Santos Atawalpa (1742 -1756) y de los Tupac Amaru (1780-1783). Para ilustrar la magnitud del descontento, podemos indicar que sólo durante el período comprendido entre 1730 y 1780 se produjeron más de 112 sublevaciones.
De todo esto se deduce que el poblador andino, el verdadero patriota, a pesar de estar condenado a cruel servidumbre, no gimió en silencio. La resistencia en el mundo post inkaico se manifestó en cientos de movimientos revolucionarios, conatos o alzamientos; la mayoría de estos levantamientos tuvieron por objetivo la restauración del inkario y la erradicación de lo que ha venido a llamarse “occidental”.
NEGACIÓN DE PARTICIPACIÓN NATIVA:
La SEGUNDA ESTROFA exalta aún más al caudillo cuando asevera que “Por doquier San Martín inflamado, / libertad, libertad pronunció, / y meciendo su base los Andes / la anunciaron, también, a una voz”. ¿Fue después del arribo del ejército sanmartiniano, que los habitantes de los andes peruanos recién lucharon por su libertad? ¿La libertad en el Perú fue un grito sagrado sólo a partir de 1820? La historia de hecho la desmiente.
Los criollos, cuyo contacto con las gentes humildes simplemente fue de los amos con los subordinados, ladinamente utilizaron como carne de cañón a los nativos, fueron ellos quienes formaron el grueso de los ejércitos, tanto de los mal llamados patriotas como el de los realistas; los aborígenes fueron quienes derramaron su sangre, fueron ellos quienes verdaderamente lucharon por una patria mejor, más de medio millón murieron en esas guerras fratricidas dirigidas por los caudillos idolatrados, quienes sí supieron comprender que había que liquidar la capital política y militar de América del Sur.
EMANCIPACIÓN FÁCIL:
La TERCERA ESTROFA empieza con el siguiente elogio reiterativo al adalid extranjero: “Con su influjo los pueblos despiertan”, y más adelante señala la necesidad de romper el enlace que une América con España. ¿Quiénes eran los interesados de emanciparse de España?¿Por qué se obvia la lucha del pueblo por su independencia?
Es sabido que los movimientos revolucionarios indígena se realizaron cuando España era poderosa y tenía suficiente capacidad como para aniquilar cualquier muestra de descontento. En cambio los criollos se aprovecharon de la crisis económica y política de España, lo cual se evidencia en la utilización de las llamadas Juntas de Gobierno para consumar la ansiada emancipación.
La guerra emprendida por los criollos fueron movimientos separatistas que no tuvo carácter de reivindicación social indígena; los criollos descontentos buscaron romper el cordón umbilical con la metrópoli española, con ayuda de Inglaterra que pretendía derrumbar el poder hegemónico de España.
LIMA NO ES EL PERÚ:
La CUARTA ESTROFA comete otra injusticia histórica, ya que parcializándose con Lima manifiesta que sólo sus pobladores fueron los forjadores de la expulsión de la tiranía española; el Himno expresa “Lima, cumple ese voto solemne, / y, severa su enojo mostró”, luego agrega “A su esfuerzo saltaron los grillos”.
Aquí se reconoce que fueron las autoridades de la capital virreinal los interesados en romper con la dependencia ibérica, pero se encubre a los criollos ricos, antipatriotas en esencia, los mismos que fueron los que acudieron invocando protección a San Martín y los que al final de cuentas fueron los únicos que firmaron el Acta de la Independencia y prepararon el ritual de su proclama. Si los criollos ricos asentados en Lima eran parte de la tiranía imperante, si ellos prepararon la gran farsa que hasta hoy se celebra ¿cómo podemos manifestar que ellos lanzaron al tirano? ¿Acaso no es cierto de que quienes juran romper el enlace lo hacen previo consentimiento de las principales autoridades coloniales? ¿Qué sector de la población limeña al tirano severa su enojo mostró? ¿A qué sector de la población “le atizaron el odio y venganza / que heredara de su Inka y Señor? El gesto interesado de un pequeño grupo de residentes limeños no puede negar el sacrificio del Perú profundo.
CERVIZ LEVANTADA:
En la QUINTA ESTROFA, al igual que en las demás, nuevamente observamos a un pueblo totalmente derrotado: "si humillada tres siglos gimió". También se observa la falsa mano benefactora que promete redención manteniendo su propio esplendor. Es una invocación política para conservar los privilegios de los grupos gobernantes.
La realidad histórica niega la pretensión de hacer creer que el advenimiento de la República duró casi medio siglo, pues hay suficientes argumentos que niegan que durante tres siglos se gimió con la cerviz humillada; al contrario, el espíritu indómito se evidenció en las brutales matanzas perpetradas por los invasores, que redujeron a un poco más de un millón de personas a una sociedad con más de 12 millones de bravos y laboriosos habitantes.
DEL SOL INKA AL DIOS DE JACOB:
La ÚLTIMA ESTROFA es un mensaje a las generaciones venideras a fin de que se mantenga la libertad conquistada y cuyo símbolo sería “la bandera o pendón bicolor”. El Himno culmina renovando el juramento de ser libres por siempre ante el Dios traído por los españoles es decir, ante el Dios de los hebreos, subestimando de esta manera a la deidad suprema del inkario.
¿Qué principios de moral ofreció el cristianismo al aborigen? Auspició timidez, falta de seguridad; la religión nativa fue más noble, más humana que la ética de la religión impuesta por la fuerza.
Así el Himno Nacional vigente es poesía de un trozo de la historia nacional, cuyo contenido requiere un debate ponderado y objetivo ¿Debe ser revisado? El espíritu de peruanidad lo decidirá.
Juliaca, julio del 2002.
Himno Nacional y Realidad Histórica
Prof.: Hugo Apaza Quispe
El 28 de julio de cada año, a nivel nacional, se rememora un acto intrínsecamente limeño, criollo y urbano, a través del cual se atiza un sentimiento patriótico, venerando a los símbolos oficiales y a dos personajes no peruanos. Si elevar el fervor patriótico es una necesidad, entonces el pretexto es válido, pero hay que reorientarla sacándola de la rutina.
El Himno Nacional es un símbolo patrio intangible y sacrosanto, cuya ejecución antaño paralizaba toda otra actividad. Haciendo una lectura reflexiva de nuestro Himno Nacional y contrastándola con la realidad histórica, concluimos que se trata de un canto de una pequeña parte de nuestra historia, son mensajes poéticos que loan las gestas de un caudillo, es un canto lírico y parcializado con escaso (por no decir nulo) asidero histórico.
LA LIBERTAD COMO NECESIDAD HISTÓRICA:
El CORO, es una reiterada promesa solemne, un juramento de fidelidad, un voto eterno de invocación a la libertad, la misma que se efectúa, no ante la divinidad del cristianismo, sino ante el Dios supremo de los inkas: El Sol.
Recordemos que la libertad es un anhelo histórico y que el capitalismo expansivo del siglo XIX, disfrazado de patriotismo, difundió esta idea que embaucó la credulidad política de las masas, por ello esta mágica palabra, de principio a fin, es invocado como suprema aspiración en el Himno Nacional.
Antaño, para los Ayllurunas el interés dominante era la colectividad. El trabajo forzado y la encomienda introducida por los españoles, eran para ellos obligaciones dolorosas de los que había que liberarse. Por ello es que el valor de la libertad jugó un rol preponderante
NO SE GIMIÓ EN SILENCIO:
La PRIMERA ESTROFA nos dice que el peruano oprimido largo tiempo en silencio gimió, y que con la llegada de San Martín, la humillada cerviz levantó. En ese entonces ¿qué se entendía por peruano? El nativo no era peruano, era un paria solamente. ¿Cuán largo fue el tiempo que en silencio la ominosa cadena arrastró?
Desde el momento del choque desigual de las dos culturas no homólogas, el poblador nativo no cesó de luchar por deshacerse del usurpador. Inmediatamente después de la captura del Inka Atawalpa se organizó la defensa militar en torno a los generales indígenas Rumiñawi, Kalcuchímac y Kiskís, y en reiteradas veces se enfrentaron a los españoles y sus engañados aliados para expulsarlos (1533). Asimismo, grandes grupos andinos se organizaron en torno a Manco Inka (1536-1544), Sayri Túpac (1544-1557), Titu Cusi Yupanqui (1557-1571) y en torno a Túpac Amaru I (1571-1572), quienes consolidaron la resistencia inka en Vilcabamba. Por esta misma causa también millares de indígenas se enrolaron a las filas de los ejércitos de Juan Santos Atawalpa (1742 -1756) y de los Tupac Amaru (1780-1783). Para ilustrar la magnitud del descontento, podemos indicar que sólo durante el período comprendido entre 1730 y 1780 se produjeron más de 112 sublevaciones.
De todo esto se deduce que el poblador andino, el verdadero patriota, a pesar de estar condenado a cruel servidumbre, no gimió en silencio. La resistencia en el mundo post inkaico se manifestó en cientos de movimientos revolucionarios, conatos o alzamientos; la mayoría de estos levantamientos tuvieron por objetivo la restauración del inkario y la erradicación de lo que ha venido a llamarse “occidental”.
NEGACIÓN DE PARTICIPACIÓN NATIVA:
La SEGUNDA ESTROFA exalta aún más al caudillo cuando asevera que “Por doquier San Martín inflamado, / libertad, libertad pronunció, / y meciendo su base los Andes / la anunciaron, también, a una voz”. ¿Fue después del arribo del ejército sanmartiniano, que los habitantes de los andes peruanos recién lucharon por su libertad? ¿La libertad en el Perú fue un grito sagrado sólo a partir de 1820? La historia de hecho la desmiente.
Los criollos, cuyo contacto con las gentes humildes simplemente fue de los amos con los subordinados, ladinamente utilizaron como carne de cañón a los nativos, fueron ellos quienes formaron el grueso de los ejércitos, tanto de los mal llamados patriotas como el de los realistas; los aborígenes fueron quienes derramaron su sangre, fueron ellos quienes verdaderamente lucharon por una patria mejor, más de medio millón murieron en esas guerras fratricidas dirigidas por los caudillos idolatrados, quienes sí supieron comprender que había que liquidar la capital política y militar de América del Sur.
EMANCIPACIÓN FÁCIL:
La TERCERA ESTROFA empieza con el siguiente elogio reiterativo al adalid extranjero: “Con su influjo los pueblos despiertan”, y más adelante señala la necesidad de romper el enlace que une América con España. ¿Quiénes eran los interesados de emanciparse de España?¿Por qué se obvia la lucha del pueblo por su independencia?
Es sabido que los movimientos revolucionarios indígena se realizaron cuando España era poderosa y tenía suficiente capacidad como para aniquilar cualquier muestra de descontento. En cambio los criollos se aprovecharon de la crisis económica y política de España, lo cual se evidencia en la utilización de las llamadas Juntas de Gobierno para consumar la ansiada emancipación.
La guerra emprendida por los criollos fueron movimientos separatistas que no tuvo carácter de reivindicación social indígena; los criollos descontentos buscaron romper el cordón umbilical con la metrópoli española, con ayuda de Inglaterra que pretendía derrumbar el poder hegemónico de España.
LIMA NO ES EL PERÚ:
La CUARTA ESTROFA comete otra injusticia histórica, ya que parcializándose con Lima manifiesta que sólo sus pobladores fueron los forjadores de la expulsión de la tiranía española; el Himno expresa “Lima, cumple ese voto solemne, / y, severa su enojo mostró”, luego agrega “A su esfuerzo saltaron los grillos”.
Aquí se reconoce que fueron las autoridades de la capital virreinal los interesados en romper con la dependencia ibérica, pero se encubre a los criollos ricos, antipatriotas en esencia, los mismos que fueron los que acudieron invocando protección a San Martín y los que al final de cuentas fueron los únicos que firmaron el Acta de la Independencia y prepararon el ritual de su proclama. Si los criollos ricos asentados en Lima eran parte de la tiranía imperante, si ellos prepararon la gran farsa que hasta hoy se celebra ¿cómo podemos manifestar que ellos lanzaron al tirano? ¿Acaso no es cierto de que quienes juran romper el enlace lo hacen previo consentimiento de las principales autoridades coloniales? ¿Qué sector de la población limeña al tirano severa su enojo mostró? ¿A qué sector de la población “le atizaron el odio y venganza / que heredara de su Inka y Señor? El gesto interesado de un pequeño grupo de residentes limeños no puede negar el sacrificio del Perú profundo.
CERVIZ LEVANTADA:
En la QUINTA ESTROFA, al igual que en las demás, nuevamente observamos a un pueblo totalmente derrotado: "si humillada tres siglos gimió". También se observa la falsa mano benefactora que promete redención manteniendo su propio esplendor. Es una invocación política para conservar los privilegios de los grupos gobernantes.
La realidad histórica niega la pretensión de hacer creer que el advenimiento de la República duró casi medio siglo, pues hay suficientes argumentos que niegan que durante tres siglos se gimió con la cerviz humillada; al contrario, el espíritu indómito se evidenció en las brutales matanzas perpetradas por los invasores, que redujeron a un poco más de un millón de personas a una sociedad con más de 12 millones de bravos y laboriosos habitantes.
DEL SOL INKA AL DIOS DE JACOB:
La ÚLTIMA ESTROFA es un mensaje a las generaciones venideras a fin de que se mantenga la libertad conquistada y cuyo símbolo sería “la bandera o pendón bicolor”. El Himno culmina renovando el juramento de ser libres por siempre ante el Dios traído por los españoles es decir, ante el Dios de los hebreos, subestimando de esta manera a la deidad suprema del inkario.
¿Qué principios de moral ofreció el cristianismo al aborigen? Auspició timidez, falta de seguridad; la religión nativa fue más noble, más humana que la ética de la religión impuesta por la fuerza.
Así el Himno Nacional vigente es poesía de un trozo de la historia nacional, cuyo contenido requiere un debate ponderado y objetivo ¿Debe ser revisado? El espíritu de peruanidad lo decidirá.
Juliaca, julio del 2002.
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