I. PROLEGÓMENOS:
Se afirma que el siglo XX no fue sólo el siglo del átomo, sino también el siglo de las ciencias sociales[1], sin embargo en las últimas décadas, en la llamada postmodernidad o era del conocimiento y de la revolución tecnológica, y bajo es espejismo de la “modernización educativa”, las ciencias sociales y por ende la historia, vienen siendo sutilmente relegadas y desprestigiadas; esto se observa, particularmente, en el espacio escolarizado de nuestro sistema educativo, cuando las horas de su dictado vienen reduciéndose paulatinamente. Lo que es más, se observa un desánimo y desmoralización creciente en los docentes que tienen la responsabilidad del desarrollo de las lecciones de esta área curricular.
A quienes nos gobiernan, ¿les interesará que los peruanos tengan conciencia histórica? ¿Les preocupará que los puneños tengamos un pensamiento crítico para lograr nuestro desarrollo regional? Esta política gubernamental, de querer desacreditar la importancia de la historia, debe ser respondida con la revaloración de esta disciplina científica, por ello es que consideramos que sintiendo y repotenciando las historias particulares, locales y provinciales, podremos generar todo un movimiento para hacer frente al fenómeno de la despersonalización social que impulsa la globalización imperante.
II. REARME MORAL:
Uno de los primeros pasos para recobrar el prestigio de las ciencias sociales en general, y de la historia en particular, es el rearme moral de los maestros, quienes debemos estar convencidos de que esta rama científica, no es solamente útil y necesaria, sino imprescindible en el sistema educativo. Además, la historia es una actividad humana, y somos humanos porque tenemos memoria; pensamos y actuamos “a partir de”, “sabiendo que”, es decir teniendo previa capacidad de recordar. La historia es necesaria porque es un deber ineludible; la historia nos permite ubicarnos y reconocernos como parte de una realidad social objetiva; al permitirnos conocer “de donde venimos”, “que somos” y “a donde nos dirigimos”, genera un sentimiento hacia lo ancestral, hace nacer y consolida el patriotismo, así como despierta el interés por los ideales pasados y aún necesarios.[2]
La historia tiene un valor, primero formativo, y segundo informativo. Básicamente es formativa porque a través de sus lecciones podemos modelar nuestra personalidad y conducta en perspectivas de participación activa en la vida social para mejorarla.
Quienes se obstinan en desacreditar el prestigio de las ciencias sociales, son los defensores del actual desorden de cosas, y son globalizantes y neoliberales que presentan ante la sociedad a la historia como algo inútil en términos prácticos y sin clara significación para el presente, por ello lanzan con o sin conciencia, desconcertantes y/o vivificantes preguntas como ¿Para qué sirven las ciencias sociales? ¿Cuál es la utilidad del aprendizaje de la historia? Las respuestas a estas interrogantes nos permitirán comprender la trascendencia de esta rama del saber humano.
a) La historia logra el esclarecimiento social: Con la introspección social, a través de la investigación científica, el debate y la divulgación, la historia se distancia de las fábulas, mitos, leyendas y versiones subjetivadas, para ocupar gradualmente su verdadero sitial de maestra de las sociedades. No podemos olvidar que somos, antes que seres sociales, seres históricos. Debido a que esta materia permite reflexionar sobre nuestra evolución en el tiempo, ahora podemos comprender que no todo lo que se decía de nuestro pasado obedece a la realidad objetiva; por ejemplo, esta objetividad en el Perú del presente nos permite clarificar que:
· Nuestro pasado prehispánico no se reduce al Imperio Inka, sino que el Tawantinsuyo no es sino la culminación de una milenaria tradición cultural de muchas generaciones.
· “Que los principios básicos del funcionamiento económico del Estado Inca eran la reciprocidad, la redistribución y también el aprovechamiento vertical de un máximo de pisos ecológicos”[3].
· Que cuando se insiste en pregonar preceptos morales como el ama suwa, ama llulla y ama qella[4], lo que en el fondo se hace es reconocer la existencia de esta necesidad.
· Que la presencia perturbadora de los europeos en nuestros territorios, fue combatido activamente por la población nativa, que no gimió en silencio, como lo afirma nuestro himno nacional vigente.
· Que el advenimiento de la República no logró cambiar las estructuras socio económicas de nuestro país.
· Que habitamos en un país con una democracia electoral y una economía capitalista digitalizada, en donde quienes más trabajan tienen menos, donde el robo, el soborno, la corrupción y la impunidad, en la clase política, han dejado de ser conductas delincuenciales.
b) La historia nos permite hacer comparaciones culturales: Existen tantas historias como sociedades hayan, y cada una de ellas tienen sus propias particularidades. A través de los mensajes del pasado se puede llegar a conocer tanto las semejanzas como las diferencias entre la sociedad actual y las anteriores, y comprender la existencia de una relación entre el pasado y el presente, así la historia nos permite apreciarnos mejor a nosotros mismos. Además, cuando se observan cómo se elaboran y describen esas experiencias se llega a comprender y respetar la integridad de otras culturas. La comparación histórica nos puede enseñar lo siguiente:
· Que el desarrollo político, artístico, religioso, económico y cultural de los pueblos son disímiles, pues hay sociedades que avanzan y otros que se estancan, que unos vencen y otros son vencidos, que unos perduran y otros se extinguen.
· Que “tenemos que aprender a mirar a nuestros ancestros prehispánicos como los europeos miran a los griegos y romanos, no les podemos pedir el hierro, la rueda, las matemáticas, la filosofía y la escritura, sino los sistemas que construyeron y las tecnologías que descubrieron para establecer un adecuado control y manejo de sus ecologías”[5].
· Que los Kollas lograron rivalizar con los inkas en casi todos los aspectos culturales.
· Que los conquistadores españoles militarmente eran superiores a los inkas.
· Que, mientras en Europa se consolidaba el comercio, la actividad mercantil, la moneda y se aceleraban los inventos, descubrimientos y conocimientos acerca del mundo, en los andes sudamericanos reinaba un colectivismo rural y agropastoril, y un imperio en pos de su consolidación.
c) A la historia, más que el pasado le preocupa el futuro: Toda acción humana por la existencia es una labor que se hace pensando en el futuro, los hombres vivimos previendo y se prevé en función del pasado. El pasado debe estar siempre presente, puesto que somos producto de los “tiempos idos”, allí se encuentra el origen de lo que somos, de nuestros padecimientos y, en la historia también encontraremos la panacea de nuestros males. Al respecto, ¿qué nos dicen las personas autorizadas en estos temas?
· Manuel Burga indica que la historia nos posibilita conocer mejor el presente, es decir que “nos permite, desde las urgencias del presente, establecer un diálogo cambiante con el pasado para afrontar mejor el futuro”[6].
· Dilthey sintetiza “La melodía del pasado condiciona las voces del presente”.
· Luis Guillermo Lumbreras expresa “yo, como historiador, tengo que confesar que el pasado no me interesa, si es que no tiene alguna vinculación con el presente, me interesa el futuro, creo que a todos los historiadores lo que nos interesa es el futuro y que por eso hacemos historia. La historia sólo tiene sentido si es que nosotros entendemos que ella sirve para encontrar las leyes, para encontrar los mecanismos de articulación, de desarrollo de nuestra manera de ser y de nuestra manera de existir”;
· Waldemar Espinoza Soriano concluye que examinar el pasado es muy importante para conocer y comprender nuestra situación, sin la cual sería imposible trazar nuevos rumbos y planes para la vida futura;
· Pablo Macera considera que el conocimiento de lo que ocurrió tiene como objetivo principal introducir elementos más adecuados en las ecuaciones que debemos manejar para proyectarnos hacia el futuro y resolver los problemas que hoy venimos experimentando, “lo más importante -nos dice Macera- del proceso histórico no es el pasado mismo sino más bien el presente y el futuro”;
·
d) La historia modela la personalidad ciudadana: Las ciencias sociales son importantes porque contribuyen a formar una ciudadanía de calidad, es decir, una ciudadanía protagónica, y por tanto con información y capacidad de análisis, y actuar con mayor racionalidad, convirtiéndose en garantía de progreso social. Asimismo permite que los ciudadanos aprendamos a desenmascarar los mecanismos de exclusión social que implementa el sistema neoliberal en contra de las mayorías y nos compromete a coadyuvar en la “construcción de un nuevo orden social alternativo desde una perspectiva contra-hegemónica”[7].
Así la historia se convierte en la ciencia que se encarga de forjar la conciencia social de nuestros escolares.
e) La historia genera y consolida la conciencia nacional: Habitamos una sociedad despersonalizada con una pérdida progresiva de nuestra historia, por tanto, la historia se constituye en una de las pocas disciplinas que se erige como uno de los pilares encargada de la formación de la conciencia nacional (histórica), la misma que viene siendo mellada por la voraz cultura del presente impulsada por los valores y principios difundidos por la ideología de la globalización y del neoliberalismo.
Una persona con desconocimiento de su historia, o un gobierno que propugna el destierro de la historia es el espacio educativo, son porque carecen de conciencia nacional. Entonces, el aprendizaje de la historia también es importante porque es la forjadora de la conciencia nacional, lo cual significa reconocernos herederos del esfuerzo de las generaciones pasadas, así como valorar y defender sus legados culturales.
Es entonces, a través de la historia, que aprendemos a valorar y comprender lo acumulado por la humanidad, ella al vincularnos con el pasado permite extraer lecciones para el porvenir, convirtiéndose así en la brújula orientadora de los pueblos. Sus enseñanzas nos ilustran la manera de cómo estar en el presente es una consecuencia heredada y que nosotros sólo somos depositarios; así su conocimiento permite observarnos en el espejo de la experiencia; muestra nuestra trayectoria y nos suministra confianza anunciando un porvenir venturoso.
Al palpitar la patria en la historia, ésta deviene en un inagotable manantial de conocimientos que nos invita al trabajo, a la unidad, a la perseverancia, a la lucha, consolidando los sentimientos de fraternidad, solidaridad, justicia y demás valores en el seno del pueblo.
f) La historia es una herramienta de transformación social: En el actual contexto donde reina la tensión y angustia colectiva, la agudización de los problemas sociales, y se observa el fantasma de la hegemonía de un solo bloque económico, resurge la necesidad de emplear la historia como instrumento para comprender de mejor manera las características de nuestra realidad.
Hoy más que nunca, se hace urgente la necesidad de participar activamente en la construcción de un nuevo orden social y político en nuestra patria, ya que no se puede seguir observando pasivamente lo que hace la clase política de nuestros pueblos, región y país. Las ciencias sociales, nos pueden ayudar a ingresar a estos debates para exponer nuestros sentimientos, proponer alternativas de transformación desde una óptica moral y comprometernos en el desarrollo humano y cultural de nuestra sociedad que se marchita. Así, la historia se convierte en un instrumento de progreso social de lucha ideológica con objetivos políticos y sociales concretos, puesto que nuestra sociedad compleja, marginadora, violentista, guerrerista, atropellador, corrupta, necesita ser reconducido por horizontes morales que propicien el desarrollo de los más olvidados.
El trabajo pedagógico de los maestros de ciencias sociales debe consistir en desenmascarar las legitimaciones en que se sustenta el poder.
III. NECESIDAD DE UNA HISTORIA REGIONAL:
En la actualidad somos testigos de cómo el avance de la ciencia y la tecnología, favorecen a quienes detentan el poder militar y económico del mundo, por ello a través del fenómeno de la globalización sistemáticamente se vienen despersonalizando las nacionalidades nativas y se pretende generalizar una cultura universal, en desmedro de los archipiélagos culturales. En respuesta a este avasallamiento, se hace necesario afianzar la conciencia local para coadyuvar al desarrollo regional de los pueblos del Perú Profundo, y en esta tarea juega un rol protagónico las ciencias sociales, y particularmente la historia regional, que nos permitirá reencontrarnos para valorarnos como colectivo social.
¿Cómo enfrentar a la alienación y otros fenómenos sociales negativos con desconocimiento de nuestro acervo histórico? ¿Es posible querer y amar lo que se desconoce? ¿Cómo inculcar cariño al terruño cuando no se estudia, discute y divulga su historia?
Las respuestas a estas interrogantes nos conducen a revisar la bibliografía regional para ingresar estos temas al espacio escolarizado. Pero, nos tropezamos con que son escasísimos los textos sobre la historia y la cultura regional, lo que de por sí plantea un serio reto a los maestros e investigadores sociales, ya que si planteamos la forja o consolidación del sentido de identidad para coadyuvar al desarrollo regional, debemos emprender la urgente tarea de investigar y divulgar el acervo histórico y cultural de nuestra región, y hacer que nuestras conclusiones ingresen de inmediato a las aulas de las instituciones educativas de nuestro medio.
No podemos seguir esperando (menos tolerar) que investigadores de otras regiones, o de la misma capital nacional, sean los encargados de dictarnos lo que debemos enseñar o aprender con respecto a nuestra historia, cultura y el proyecto regional que debemos construir. Sólo investigando, escribiendo y divulgando nuestras historias distritales y provinciales, de manera científica, objetiva, reflexiva y organizada, podemos rendir homenaje a Emilio Romero, Alfonso Torres Luna, Héctor Loayza O’bando, Dionisio Torres Juárez, etc. y hacer que la presente generación sea protagonista de la radical y urgente transformación que nuestra patria requiere.
IV. COLOFÓN:
Hoy, ya no se concibe la historia como un conjunto se sucesos sucedidos en sucesión sucesiva sucesivamente, sino que se considera como una disciplina social que nos permita proyectar el futuro en función a la experiencia transcurrida. Si nadie se atreve a reconocer el por qué de nuestra actual situación política y social, los docentes de ciencias sociales sí reconocemos que tenemos parte de la responsabilidad para superar la vigente tragedia. Concluyendo reafirmamos que el aprendizaje y estudio de la historia, es importante porque nos posibilita conocer, comprender y explicitar:
- El proceso de formación del hombre a través del trabajo;
- El surgimiento, desarrollo, formación, apogeo y decadencia de las sociedades humanas;
- La vida de los pueblos a través de sus grandes sucesos y el florecimiento de las formas de conciencia social (logros y avances en organización política, en lo artístico, moral, jurídico, científico, religioso, filosófico, etc.);
- La manera como abordaron nuestros ascendientes los problemas de índole económico, social, técnico, etc.;
- Lo que se debe y no se debe hacer para solucionar los problemas concretos con experiencias pasadas;
- Que las sociedades avanzan, que los procesos sociales están sujetos a leyes generales y particulares;
- Que habitamos en medio de una realidad histórica pluricultural y multilingüe.
La historia, entonces, posee una enorme fuerza atractiva, es la atracción de la vida misma. Porque somos herederos, depositarios e hijos del pasado, tenemos una muy natural curiosidad primero, y necesidad después, de conocer nuestra historia; ahí radica la admirable fuerza de atracción, la misma que la convierte en una disciplina vitalmente necesaria.
BIBLIOGRAFÍA
BASADRE, Jorge. PERÚ: PROBLEMA Y POSIBILIDAD. Edit. Studium. Lima-1987.
CARRETERO, Mario y otros. LA ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS SOCIALES, Edit. Visor. España-1998.
GALINDO CÁCERES, Luís y otros. TÉCNICAS DE INVESTIGACIÓN EN SOCIEDAD, CULTURA Y COMUNICACIÓN. México-1998.
HERNÁNDEZ CARDONA, Xavier. DIDÁCTICA DE LAS CIENCIAS SOCIALES, GEOGRAFÍA E HISTORIA. Edit GRAÓ. Barcelona-2002.
MACERA, Pablo. TRABAJOS DE HISTORIA. UNMSM. Lima-1988.
QUIROZ, Francisco. INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA. UNMSM. Lima-1993.
REGALADO, Liliana. EL ROSTRO ACTUAL DE CLÍO. Edit. PUCP. Lima-2002.
ROJAS GALARZA, Carlos. DIDÁCTICA DE LAS CIENCIAS HISTÓRICO-SOCIALES. Edit. Derrama Magisterial. Lima-2000.
SAAB, Jorge y otro. PENSAR Y HACER HISTORIA EN LA ESCUELA MEDIA. Edit. Troquel educación. Argentina-1990.
TOYNBEE, Arnold. LA EUROPA DE HITLER. Ed. Carpe. España-1986.
V. KELLE, M. KOVALZÓN. TEORÍA E HISTORIA. Ed. Progreso. Moscú-1985.
Varios. TERRITORIO, CULTURA E HISTORIA. IEP. Lima-2003
[1] DUVERGER, M. Métodos de las Ciencias Sociales. Barcelona 1976.
[2] BASADRE, Jorge. Perú, Problema y Posibilidad. Lima
[3] BURGA, Manuel. Para qué aprender Historia en el Perú. Lima, 2003.
[4] Estos preceptos al parecer no tienen asidero histórico, pues en las crónicas, estudios y demás documentos no se las menciona como tales; consideramos es una recreación republicana para magnificar al incario.
[5] BURGA, Manuel. Para qué aprender Historia en el Perú. Lima, 2003.
[6] BURGA, Manuel. Para qué aprender Historia en el Perú. Lima, 2003.
[7] LLOPIS, Carmen. Nuevos Enfoques en Ciencias Sociales. España.
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